A medida que los viajeros se acercan a alguna de las lagunas salinas de Ría Celestún, comienzan a percibir una especie de murmullo entrecortado que quiebra el silencio de la mañana húmeda. El murmullo conduce a uno de los espectáculos más extraordinarios de la naturaleza y es la presencia de bandadas de flamencos rosados que imprimen su tonalidad sobre la superficie del agua.
Ubicada al noroeste de la Península de Yucatán, la Reserva de la Biosfera Ría Celestún fue decretada como tal en el año 2000 con el objeto de proteger el frágil ecosistema formado por los esteros hipersalinos que son, junto con otras lagunas de la Península, el hogar de la única colonia de flamenco rosado (Phoenicopterus ruber), en el hemisferio norte.
Su llamativa coloración, su forma estilizada y su porte elegante lo convierten en lo que los conservacionistas denominan ‘especie carismática’ o ‘especie bandera’ que son aquellas que por su innegable atractivo se convierten en emblema utilizado para conservar todo un ecosistema (como es el caso del oso panda o las ballenas).
En virtud de su toponimia, Celestún significa ‘espanto de piedra’ en lengua maya y si bien no se tienen datos precisos acerca de sus antiguos pobladores, en Punta Cambalam se han encontrado vestigios prehispánicos mayas que establecen la existencia de un centro de abastecimiento de productos marinos.
Por todo ello, Ría Celestún es uno de aquellos lugares elegidos por los amantes del ecoturismo.



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