Casi a diario, los periódicos mexicanos dan cuenta de los asesinatos y guerrillas libradas por narcotraficantes. La droga es un verdadero flagelo que debe combatirse permanentemente dado el creciente poderío de los narcotraficantes quienes sumidos en una creciente ola de violencia, entablan guerras entre los diferentes cárteles que ya han dejado más de 5.300 muertes violentas en 2008 en México.

En medio de este panorama nace un insólito museo: El Narcomuseo de la Sedena instalado en el interior de la Secretaría de la Defensa. El museo no hace, de ninguna manera, una apología del delito sino que exhibe armas con incrustaciones de oro utilizadas por narcotraficantes, ropas de niños con calcomanías impregnadas de LSD, pinturas religiosas con cocaína oculta detrás de los lienzos, cactus alucinógenos utilizados en rituales religiosos, opio, modernas drogas químicas y en una de las salas, detrás de contenedores de vidrio transparente, se muestran polvos, raíces, hojas de marihauana, crack, cocaína, heroína y otros estupefacientes que muchos visitantes ven por primera vez.
El curador del museo del Ejérecito mexicano ha dicho que el objetivo es “enseñar a los alumnos militares las formas en que en el Ejército se lleva al cabo el combate al narcotráfico y también cómo los delincuentes, los narcotraficantes, trafican las drogas”.
El lugar se inauguró hace 20 años y lo que comenzó con una pequeña sala ahora asciende a 10 que van actualizándose con los decomisos de gran envergadura.
Un museo diferente pero que pone en contacto con una peligrosa realidad que los jóvenes no deben desconocer.
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