
Del norte nos vamos hacia el sur donde encontramos el imponente Valle de los Cirios de dos millones y medio de hectáreas de superficie. Éste es un desierto que está considerado como corredor biológico y que está situado entre el Desierto del Vizcaíno y la Sierra de San Pedro Mártir. Se caracteriza por la gran cantidad de cáctus de gran tamaño y círios, una especie endémica muy típica de la zona.
Obligada es la visita al Cañón de Guadalupe en el que hay un montón de paredes de granito puntiagudas y de gran tamaño por cuyo interior corren manantiales de aguas termales, y por las que también bajan cascadas que crean pozas en su caída. Es un sitio muy apreciado entre los aficionados al rappel que no se lo piensan a la hora de ponerse el equipo y bajar por las paredes, pero no es nada extraño ver a ciclistas de montaña o a escaladores.
A unos treinta y siete kilómetros de allí se encuentran los cañones de Tajos y los cañones de Llanos que son también dos lugares buenísimos para practicar los mencionados deportes y para disfrutar de la naturaleza y de todos los bellos lugares que hay en la zona.
Foto vía: Examiner.
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