Real de Catorce forma parte de los ‘Pueblos Mágicos’ de México y está enclavado en el corazón de la sierra de Catorce, en el estado de San Luis de Potosí, al norte del país. Fundado en 1779 a partir del descubrimiento de las minas de plata, se encuentra a 2750 metros de altitud y la principal vía de acceso es a través de un túnel de 2.300 metros de longitud.

Puede considerárselo como un verdadero pueblo fantasma, lleno de magia, leyendas y de una energía magnética particular que lo hizo reinventarse y perdurar a pesar de su decadencia ocurrida en 1910 por causa de la Revolución, cuando se suspendieron los trabajos de minería y Real comenzó a despoblarse. En su momento de mayor apogeo vivían en la ciudad alrededor de 15.ooo personas, pero de a poco fue despoblándose hasta bajar lentamente al ínfimo número de 250.
Finalizado el negocio minero, sus habitantes comenzaron a encomendarse a San Francisco de Asís cuya imagen veneraban y así Panchito o el Charrito, como cariñosamente lo llamaban, era celebrado cada año con una peregrinación y una fiesta que duraba al principio sólo unos días y ahora se prolonga por más de un mes. En los años setenta, Real de Catorce se hizo famosa por el peyote, un cactus con propiedades alucinógenas que los Huicholes utilizaban para entregar ofrendas a los dioses, aunque todavía hoy, muchos visitantes llegan en busca del cactus para que les provea revelaciones y alucinaciones.
Su población actual es descendiente de aquellas familias que no pudieron emigrar y que debieron hacer grandes esfuerzos por sobrevivir. Habrá que creer pues en la magia de este pueblo que hoy está más fuerte que nunca y empezando el nuevo siglo con la esperanza de recuperar su antiguo esplendor.
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