
En el año 1712 se fundó la Villa de San Felipe de Linares que ocupaba tierras pertenecientes al pueblo Hualahuise que protestó para que los nuevos habitanets de sus tierras creasen otra villa más alejada de allí. Los vecinos del lugar que no querían moverse de allí fueron a quejarse al Duque de Linares, Fernando Alencastre Noroña y Silva, que les dio la razón por lo que no se movieron de su nuevo hogar. Lo que sí cambió fue el nombre de la Villa que pasó a llamarse Linares siendo nombrada ciudad en el año 1777. En ese año se estableció allí el Obispado de Linares que se convirtió en poco tiempo en el más importante de toda la región.
Nada más llegar a la ciudad, el visitante se da cuenta del estilo colonial de sus edificios. Entre los interesantes destacan la Catedral San Felipe de Linares, que fue sede del mencionado Obispado; el Palacio Municipal, construido en el siglo XIX sobre lo que fue un convento franciscano años antes de su construcción; la Botica Morelos, una farmacia de principios del siglo pasado muy popular en la ciudad; el Casino de Linares, de la primera mitad del siglo XX que se erigió en un estilo neoclásico francés; y el Museo de Linares, donde llegan importantes exposiciones mundiales y en el que también se narra la historoia de la ciudad.
Foto vía: Gobierno de Nuevo León.
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