En el sur de México, al sur del territorio, encontramos a Tenosique, un poblado ribereño que vive todavía en un estado natural donde es posible explorar la oscura belleza de sus cenotes, visitar sitios arqueológicos y deleitarse con el colorido y tradicional espectáculo de la Danza del Pochó.

La Danza del Pochó se realiza durante las fiestas del carnaval, pero en algunas ocasiones especiales, el grupo de danzantes y músicos de la localidad, se disfrazan y escenifican especialmente para dar a conocer la tradición a los visitantes.
Esta celebración tiene su origen a finales del siglo XIX cuando las monterías y chiclerías administradas por españoles contrataban cuadrillas de trabajadores que se internaban en la selva para explotar las preciosas maderas de la caoba, el cedro y la resina del árbol chicle. Su regreso coincidía con los festejos del carnaval y los lugareños organizaban dos partidos, el Palo Blanco y Las Flores para competir y obtener el cetro y la corona del carnaval. A partir de entonces la población sigue celebrando esta fiesta y participa través de la danza prehispánica del Pochó.
La indumentaria de los bailarines consta de una máscara de madera, un sombrero adornado con flores y palmita de jardín, capa, falda de hojas de castaña, popalinas de sojol de hoja de plátano y una sonaja hueca con semillas llamada chiquís. Las pochoveras llevan falda floreada, blusa blanca y un sombrero igual al de los cojoes, los tigres llevan el cuerpo embarrado con lodo amarillo y manchas negras y danzan al compás de la flauta, el tambor, el silbato y el chiquis.
El carnaval finaliza con la muerte del Pochó y la elección del nuevo, el tambor entonces toca durante toda la noche sin cesar y el toque va haciéndose cada vez más lento indicando la agonía. Cuando el tambor calla, el Pochó ha muerto y los asistentes se abrazan y lloran. Tal vez porque para algunos finalizó la fiesta o porque otros sufren los efectos del alcohol.
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